Por Mariblanca Sabas Alomá
Uno de los más interesantes aspectos del feminismo es el que sitúa frente a frente a dos clases sociales: la rica y la pobre, la explotadora y la explotada, la que disfruta de todas las comodidades de la vida sin producir, y la que, produciendo, carece de los recursos más elementales de sanidad, confort, cultura y bienestar en la vida. Cabe formular, en efecto, la siguiente pregunta: ¿conviene más a los interés de la mujer trabajadora formar, en el propio sector o como sector aparte, un solo frente de acción con los hombres trabajadores, que incorporarse a las filas del feminismo activo, limitado este a la lucha por la obtención de todos los derechos civiles, legales y políticos, que todavía los hombres niegan a la mujer?
Honradamente, no podrá jamás el sociólogo enfocar el feminismo como un problema global, desconectado de los demás problemas colectivos…
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