Hace casi veinte años atrás, cuando leí por primera vez este pequeño libro, me sentí irremediablemente atrapada por sus personajes y la historia que contaba, quizás porque es una historia de amor. Pero no es simplemente una historia de amor, sino algo más, como si hubiera sido contada entre la realidad y el sueño. Su originalidad reside en pequeños capítulos orquestados como una obra de arte, que semejan acuarelas desdibujadas de otro tiempo, en las cuales, se mueven los personajes y las situaciones como en una danza quieta. Un lector avezado puede advertir la melodía que se desprende de los textos y tiene que ver con la naturaleza; el agua, el aire, los pájaros y seres que se mueven como ejecutando un vals leve, transparente. Toda la obra me recuerda un Haiku, ese mínimo y bello poema japonés.
El personaje principal, Hervé Joncour, compra y vende…
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